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A pintar mandalas para mamá |
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A continuación compartimos la entrevista de esta semana, publicado esta semana en El Nuevo Día. Puedes ver otros artículos en la ventana de la derecha. ¡Que los disfrutes!
Por Shanti Ragyi / Especial para El Nuevo Día 5 de mayo de 2008 Colorear círculos e imágenes representativas de nuestras emociones es una terapia reparadora.
La celebración del Día de las Madres despierta sentimientos y recuerdos que atesoramos. Para muchos, la festividad cobra otra dimensión con la confirmación de una prueba de embarazo que anuncia ¡la mamá nueva!
Para otros, podría ser la ocasión perfecta para agradecer la conexión maternal que nos enseña y ampara en cada momento. Hay quienes recordarán en silencio el paso de su progenitora, ahora en el reino de lo invisible, y el camino que juntos transitaron. Ante la proximidad de la fecha tratamos de dar con ese regalo especial que aporte un sentido más profundo al misterio del ser progenitora biológica. Es en estas ocasiones en que los círculos mandalas adquieren un significación en el espíritu dador que caracteriza la maternidad. Son creaciones artísticas de geometría sagrada que sirven para conectar con el mundo interior y encontrar las riquezas del amor, la belleza y la paz. Como representaciones simbólicas de la psique que nos ayudan a restablecerla conservando la armonía interior. La característica principal del mandala es su expresión de equilibrio. Hay mandalas muy complejos, como los tibetanos y otros muy sencillos como los que dibujan los niños. A veces la persona que está coloreando recibe algún mensaje que surge de su corazón. Su diseño geométrico lleva a la recuperación de la estabilidad. Un rato diario de pintar o contemplar tu mandala surte el efecto de una meditación práctica. Se obtiene un panorama más amplio de cualquier situación o conflicto que necesitemos observar y resolver. Es una experiencia integradora. Estudios antropológicos revelan que la producción de diseños circulares aumenta cuando las comunidades se ven amenazadas por situaciones de crisis, peligro o guerras. Karl Jung observó que sus pacientes dibujaban espontáneamente mandalas como una tendencia natural de autorregulación del psiquismo, para organizarse en medio del caos. Quiere decir que pintar mandalas de agradecimiento, para sanar una vieja herida del alma y en caso de duelo cuando no hay palabras adecuadas, para describir lo que está pasando en el interior, es una manera saludable para honrar la memoria de la madre o un ser querido fallecido y los sentimientos con respecto a su partida. A las personas de la tercera y cuarta edad, pintar mandalas les permite el encuentro con la alegría y el gozo. Les mejora la atención, aumenta la concentración y la memoria. Aquieta los temores al poner en movimiento la creatividad. Produce cambios anímicos muy notables, mejora la comunicación y sensibilización, regula el sueño y despierta el buen sentido del humor. Al obsequiar los mandalas se promueve “estar en el presente” ante el poder curativo de la Presencia Mental. Descubrimos el gran potencial creativo que reside en nuestro interior como recurso para vivir agradecida y conscientemente una nueva experiencia.
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