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Entrevista a Annette Tomey
Por Aurora Rivera  / Especial El Nuevo Día

14 de enero de 2008

Imagina que los chicos hacen sus tareas sin que tengas que correr detrás de ellos. ¿Acaso no intentarías lo que fuera por lograrlo?

Saber encontrar momentos de sosiego ayuda a enfocarse, concentrarse y vivir mejor. Aprender a hacerlo temprano en la vida serviría de antídoto a muchos corajes, frustraciones y presiones.

Ahora que recién comienza un nuevo semestre escolar, precedido por una época caracterizada más por la euforia y la actividad que por el descanso, quizás sea el momento idóneo para enseñar este tipo de estrategias a los chicos.

Respiración

Annette Meléndez, quien es madre y educadora, recuerda que respirar es el principio de todo. “La herramienta más potente que podría tener una persona es la respiración. Si mamá (o papá) es consciente de la importancia de la respiración, con solamente ponerlos a respirar va a ver un cambio bien importante en los hijos y, por supuesto, que también aprenda a respirar... Nos vamos a poder enfrentar a los retos, al estrés”, asegura.

Respiraciones

Para ayudar a los niños a desacelerarse, alcanzar un estado de calma y enfocarse, Annette Margarita Tomey, facilitadora de la Escuela de Artes Místicas, utiliza la respiración de serpiente. En ésta se inhala profundamente una vez, pero contando hasta tres o cinco, se exhala lentamente por la boca silvando y cuando no queda aire se inhala nuevamente por la nariz.

Una tercera sugerencia no involucra animales, sino globos, se trata de jugar a inflarlos. Los pequeños visualizan que tienen un globo en su barriguita, lo llenan de aire inhalando lo más que pueden, y lo vacían. Se puede integrar color al globo preguntándoles ¿de qué color es tu globo? o sigiriendo el color para así aplicar nociones de cromoterapia.

Pasos básicos de la visualización

•Comienza por pensar en algo que le guste hacer al niño o la niña, o pregúntale.

•Pídele que imagine estar en esa situación.

•Los niños experimentan el mundo a través de los sentidos. Puedes realizar algunas preguntas basadas en los sentidos:

-¿Quién está contigo?

-¿Qué llevas puesto?

-¿A qué huele?

-¿Cuáles son los sonidos

que oyes?

-¿Qué sientes?

•Si se realiza la visualización como un ejercicio de relajación se debe elaborar una historia con estos elementos y que la misma transmita emociones y sensaciones positivas.

•Si se busca enfrentar o solucionar un asunto se debe definir de la manera más clara posible lo que se desea lograr y que lo que se proponga sea real.

•Comprometerse con la meta propuesta.

•Desear algo beneficioso.

Esta técnica permite:

•Eliminar tensión física y mental.

•Recuperar la salud.

•Pensar positivamente.

•Mejorar la autoimagen.

Fuente: Dra. Tauny Cano Guerrero, psicóloga

La maestra de yoga certificada que imparte clases a alumnos de la Escuelita Montessori, en Hatillo, aconseja a los padres y educadores poner a los chicos a respirar dos o tres minutos antes de comenzar la clase o la tarea, pero advierte que hay que tenerles paciencia, no obligarlos y darles opciones. “Lo primero que tengo que tratar de lograr es que al menos se queden sentados (o quietos). Un minuto que un niño se quede sentado ya ahí tenemos un logro”, celebra.

Mientras Annette Margarita Tomey, facilitadora de la Escuela de Artes Místicas, en San Juan, añade en entrevista separada que la respiración “es nuestra conexión, nos permite sentirnos calmados, balanceados”. “Ser consciente de la respiración trae la mente al cuerpo y de esa forma nos hacemos conscientes de que estamos en el presente... Si nos desconectamos de la respiración, nuestra mente puede estar atribulada con el pasado o puede estar ansiosa por el futuro”, alerta.

¿Cómo transmitir esto a los chicos? A ellos sólo les hace falta experimentarlo. El cuánto y el cómo depende primeramente de la edad del niño, si es muy pequeño se puede repetir la respiración de tres a cinco veces e ir aumentando según progrese o sea más grande. En general, sólo hace falta invitarlos a respirar suavemente, profundo y normal (lo que sea normal para ellos).

Una de las formas que utiliza Tomey -y le encanta a sus cuatro pequeños- es imitar sonidos de animales con inhalaciones y exhalaciones. Por ejemplo, en la respiración del conejito se hacen dos inhalaciones rápidas y cortas por la nariz, y una exhalación larga (como un suspiro). Se pueden agregar movimientos con las manos, los hombros y saltos.

Visualización

“Es una forma de enseñar a los niños a pensar en lo que desean... Ayuda a que el niño desarrolle una perspectiva positiva sobre una situación”, define la doctora en psicología Tauny Cano Guerrero. Es bueno acompañarla con técnicas paralelas como las de respiración o yoga.

La visualización tiene dos vertientes fundamentales, de acuerdo con ella. Una es para relajar y/o reflexionar y la otra para enfrentar o solucionar situaciones. La primera se puede comenzar a utilizar con pequeñines de menos de cinco años, ya después de esa edad se puede utilizar también visualización para la solución de problemas de forma individual y como psicoterapia.

Algunas de las situaciones que se pueden trabajar son problemas de lectura, de sueño, de conducta, trastornos alimentarios, fobias y problemas de salud. “En Estados Unidos se utiliza mucho cuando el niño tiene problemas de salud, tratan de visualizar la enfermedad de una manera positiva. Se le ayuda a pensar positivamente sobre su recuperación”, informa Cano Guerrero.

La visualización con los niños puede ser en forma de cuento. La doctora recomienda comenzar por pedirle al niño que piense en algo que le guste hacer y llevarlo por su visualización con preguntas como ¿quién está contigo?, ¿qué llevas puesto?, ¿a qué huele?, ¿cuáles son los sonidos que oyes? o ¿qué sientes?

Tomey, por su parte, invita a los niños a ir a su interior, cerrar sus ojos, respirar, relajarse, sentirse como si estuvieran dormidos, y cuando se da cuenta de que están en quietud comienza a hilvanar una historia sencilla en la que con sus sentidos puedan explorar y descubrir a fin de cuentas sus emociones, sus estados de ánimo.

Cuando se utiliza la técnica para solucionar situaciones se debe definir de la manera más clara posible lo que se desea lograr, y lo que se proponga debe ser real. Es preciso desear algo beneficioso para uno mismo y para las demás partes involucradas (en caso de que las haya).

“A niños con problemas de conducta todo el mundo los rechaza... si los ponemos a pensar en forma positiva el niño va a mejorar (su conducta) y su autoimagen también. Incluso como adultos lo que tenemos es que visualizar eso (que nos preocupa o molesta) de forma positiva y cada vez que tenemos pensamientos positivos nuestra conducta es positiva”, recalca la doctora en psicología.

No se debe llevar al niño a visualizar cosas que sean contrarias a su realidad, que le desagraden o le atemoricen. Annette Meléndez, quien emplea la visualización para el cierre de sus clases de yoga, evita circunstancias personales como 'estás con papá y mamá' o cosas por el estilo, pues cuando se está en grupos éstos pueden ser sumamente heterogéneo. Si en algún momento algún niño presta resistencia o experimenta ansiedad, se debe detener el ejercicio y respetar su sentimiento.

Silencio y reflexión

María Teresa Rodríguez, quien hace 20 años es guía en la Escuelita Montessori de Hatillo, indica que por ser parte de la filosofía de María Montessori, el silencio y la reflexión se han integrado en este centro educativo desde sus inicios. Asegura que los resultados han sido impresionantes y exhorta a cada familia a procurar espacios para ello.

La reflexión se practica desde que el primer día de clases cada niño trae una planta a la escuela y se le enseña que deberá cuidarla a lo largo del año, cuando surgen situaciones conflictivas y se pide a los niños ponerse en el lugar del otro -¿Cómo te sentirías tú si...?- o cuando se recalca la importancia de alimentar a Pepe, el pez de la escuela.

Sobre el silencio, la educadora por más de 26 años, explica que se utiliza para transiciones, como cuando se termina el recreo y los niños regresan a sus salones, forman un círculo sentados o arrodillados en el suelo y hacen silencio. Rodríguez hace la salvedad de que a veces cerrar los ojos para un niño es “que se le acabe el mundo”, por lo cual no se les insiste en ello.

“El guía o el maestro es el modelo así que empezamos con nosotros tener la calma y lo que le vamos a pedir a la otra persona lo vamos a hacer nosotros primero”, sostiene Rodríguez.

Es impresionante el silencio casi perfecto que sigue a la hora del recreo en la Escuelita Motessori. Casi tan impresionante es el suave tono de voz con que habla Rodríguez, la delicadeza con la que detiene a un pequeño que corre veloz por la cocina y colocando una mano en su pecho y otra en su espalda lo mira a los ojos y le dice: “Céntrate, respira profundo y vuelves, regresa a tu principio y vuelves caminando”. Dicho y hecho.

 
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